Sé de cosas que cuento

No tendrían que recordártelo.

No tendrían que recordártelo. No a ti, que eres rubia, morena, castaña o pelirroja según el día. No a ti, que has tenido que ponerte un pañuelo en la cabeza. Ni a ti, que eres gorda o flaca. Ni a ti, que siempre vas en pijama; ni a ti que tienes el armario lleno de ropa.

No tendrían que recordártelo a ti. Ni a ti, ni a tu despertador que suena todos los días, a la hora que sea, para salir de la madriguera.

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No tendrían que recordártelo a ti, que dedicas un ratito del día a maquillarte. No para los demás; sino porque es tu forma de mimarte. Tampoco tendrían que recordártelo a ti, la que se despierta como un oso panda todas las mañanas.

No tendrían que recordártelo a ti, que te sostienes sobre unos tacones. Tampoco a ti, que usas un bastón para reafirmar tus pasos. Ni a ti, que eres viuda, casada, soltera o divorciada.

No tendrían que recordártelo a ti, que fuiste la musa de Picasso, la de Benedetti y la de Sabina. Tampoco a ti, que eres la inspiración de los cantautores del metro. Ni a ti, que eres tu propio estímulo.

No tendían que que recordártelo a ti, que te vendes en el burdel de las sirenas; ni a ti que caminas por la calle del olvido. Mucho menos a ti, que te escribieron la canción más bonita del mundo.

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No tendrían que recordártelo a ti, que no lloras. Ni a ti que te derrumbas viendo Bridget Jones. Tampoco a ti que creciste con las princesas Disney; ni a ti que fuiste la oveja negra  que no jugaba con muñecas.

No tendrían que recordártelo a ti, que diseñas. Ni a ti que eres dentista. Ni a ti que limpias casas. Y menos a ti, que tiras de la familia. Ni a ti, que diriges tu vida y una empresa.

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No tendrían que recordártelo a ti, que sueñas con príncipes; ni a ti, que eres más de  princesas. Tampoco a ti, que tienes debilidad por las ranas. No tendrían que recordártelo a ti, que tiemblas cuando suena la puerta y sabes que llega; ni a ti, que eres una femme fatal. Ni a ti, que caes y te levantas. Ni a ti, que tienes la capacidad de saber decir “ayudarme, por favor”. ,

No tendrían que recordártelo a ti, que estudias, trabajas y concilias. Ni a ti que solo estudias. Ni a ti que solo trabajas. Ni a ti que solo concilias. Ni a ti, a la que dijeron “no trabajas, eres ama de casa“.

No tendrían que recordártelo a ti, que pediste matrimonio; ni a ti que nunca desayunaste con diamantes.

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No tendrían que recordártelo a ti, que te enamoras de la vida, de la familia, del trabajo. Ni a ti que eres adicta a las mariposas. Tampoco a ti, que ya no te pillan con las defensas bajas.

No tendrían que recordártelo a ti, que dibujas, que gritas, que cantas, que bailas. Que vives.

No tendrían que recordarte que el 8 de marzo es un día más en el calendario. Que tuyos son los 365 días (este año te regalan uno más por intereses).

No tendrían que recordarte que no se trata de “ser más que…”. Que simplemente se trata de “ser igual que…”

Fdo. Sé de cosas que se cuentan

 

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8 comentarios sobre “No tendrían que recordártelo.

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