Sé de cosas que cuento

Reencuentros de domingo.

Colaboración con el blog Creativae

images

El domingo, como siempre mi amiga fue al Rastro. Se dedica en sus ratos libres a la pintura, digamos que es una bohemia.

Salió temprano de casa; la mañana estaba soleada y la temperatura era agradable. Llegó al barrio de La Latina y se tomó un té en una terraza mientras fumaba un cigarrillo de liar y le echaba un rápido vistazo al periódico. Indignada con las noticias del día dio un último sorbo a su té y continuó su camino.

Dio una vuelta por una parte del rastro, era tan grande que le era imposible recorrerlo entero en un domingo. Se levantó una pequeña brisa, que agradeció. Miró muebles antiguos dispuestos para que alguien los restaurara, libros de segunda mano, pulseras y collares artesanales…luego se dirigió a San Cayetano, le encantaba aquel rincón que la llenaba de inspiración. Por algo la llaman “la calle de los pintores” ¿no?

-Perdón – se disculpó al tropezar con una señora
Y al volver a retomar su camino, vio frente a ella aquellos ojos oscuros que tantos quebraderos de cabeza le habían dado. Las miradas fueron mutuas. Los nervios, también. Su cuerpo quedó paralizado, como si le hubieran atornillado los pies al suelo. Su mente viajo en la máquina del tiempo al pasado, a diez años atrás, cuando le conoció. Regresó en milésimas de segundo a Tarifa, a sus pies corriendo por la arena, al calor en la cara, al mismo lugar donde se vieron por primera vez. Donde tantas veces le había hecho reír, donde tantas otras veces la hizo llorar. El amor inocente de verano, que un día se les fue de las manos. Una historia larga y densa, complicada. Y por lo que ella sintió al mirarle otra vez, una historia inacabada.

Se saludaron. Nerviosos y evitando mirarse directamente a los ojos. Los dos observaban alrededor a ver si alguien acompañaba al otro. Él hablaba con un suave acento argentino, fruto de los cinco años que llevaba viviendo en Buenos Aires. Ella tenía el corazón punzado, el estómago e incluso el cerebro.

El rastro estaba abarrotado, y ellos en el medio, como siempre. En el puto medio, que decía ella cuando se enfadaba. Se hicieron las típicas preguntas, un obligado ¿qué tal? y una puerta abierta que daba paso a un “ a ver si nos tomamos algo y nos ponemos al día”.

“Eres un ángel maldito, eres la dama más cruel;
un arma de doble filo.
Contigo solo puedo perder, tú me estás atrapando otra vez”.

La voz de Calamaro retumbó en sus oídos el resto de la mañana, rememorando cada minuto de los tiempos en Tarifa.

Fdo. Sé de cosas que se cuentan

Anuncios

Un comentario sobre “Reencuentros de domingo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s