Sé de cosas que cuento

Dile.

Antes que nada trasládale mi perdón. Y discúlpame tú también por hacer de paloma mensajera. Pero es que no me atrevo a la cara. Llámame cobarde. Lo soy, y lo sé.

Dile de mi parte que no quiero verle, ni hablar con él. Que si lo hago me vuelvo frágil y me puede convencer de lo que sea. Y que no. Que ya no me arriesgo más a lo mismo. Que no puedo ir de cara esta vez.

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Que nadie nunca se atreva a poner en duda si lo que sentí fue real. Sé que él no lo va a dudar. Porque hasta que no se vive en carne propia no se puede entender.
Lo primero que le tienes que decir es que nada de esto es culpa suya. Que el clásico “no sos vos soy yo” es real. Pero nuestra relación era una montaña rusa, y a mi me gustaba estar en la cresta, necesitaba estar en la curva más peligrosa y ahora me siento bajando del vagón. Pisando tierra.

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Luego puedes limitarte a decirle dos palabras: “ya no”. Él las entenderá.
Entenderá que ya no. Que no me tiembla el pulso cuando le nombran. Que su magia ya no me hace el mismo efecto. Que no voy a seguir intentándolo. Sé que le engañé, que me engañé.
Desde el principio lo consumimos todo, casi nos consumimos nosotros. Pero ya no. No supimos echarle el freno a tiempo. Los dos quisimos saltar todos los baches, pero no contamos con convertirnos en nuestros baches.

Y no es que nos quedáramos cortos de actos, de intentos. Es más no le estoy pidiendo tiempo, porque eso nos sobró. O por lo menos a mi.
Que siga con su vida, que se olvide de mi. Y si algún día se acuerda, que ojalá guarde un buen recuerdo. Pero que siga sin mi. Que es lo mejor. Que va a estar tranquilo. Que lo vamos a estar.

Él pedía un tsunami. Pero ¿cómo iba yo a ser un tsunami cuando no llego a remolino? Que piense que hay gotas que colman el vaso. Y que este se desbordó.
Yo pedía hartarme de él. Hasta que me agobiara. El todo por el todo. Y no digo que no fuera así, pero yo no lo sentí.
No me sentí asfixiada de él, me sentí asfixiada por él. Que es distinto.

Y sí que me da pena terminar así, pero más pena me da seguir intentando construir algo que ya no hay por donde cogerlo. Dile que trate de entenderme, aunque no me entienda ni yo. Cada uno seguiremos por nuestro lado, pero si me encuentra de frente que no me gire la cara.

Explícale que si seguimos juntos, tras cada discusión nos preguntaremos que por qué no lo dejamos. Que es un punto necesario que hay que saber poner, que no nos entran más puntos suspensivos.

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Hazle prometer que buscará la felicidad. Que algún día va a encontrar todo lo que yo no le di. Y cuando eso pase…yo me preguntaré con quién bebe ahora vino blanco, con quién comparte cigarrillos, quién le espera a la salida del trabajo, quién se ríe con él, a quién le arranca la ropa en ese ascensor y quién le dice “buenos días”.

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Por último dile que si quiere seremos amigos. Aunque suene a tópico. Aunque él siempre dijera que “si un día terminamos seremos amigos. Amigos de los que no se ven”. Dile que yo no voy a marcar su número, y no porque no me muera de ganas de hacerlo. Sino porque esto es una especie de pacto, y no seré yo quien se salte las normas.

Fdo. Sé de cosas que se cuentan

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6 comentarios sobre “Dile.

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